Violencia en las relaciones

Desde hace 1 año trabajo como responsable de Terapias Alternativas en la Fundación Voces Libres, en el marco del Proyecto ” Hombres de Paz”. Esto conlleva realizar terapia grupal a hombres que han ejercido violencia y cuya pena lleva consigo orden judicial (de Fiscalías o Juzgado) por parte de las víctimas.

El programa implica la coordinación de un equipo de tres psicólogos que implementamos un proceso terapéutico con encuadre desde la Psicología clásica y las Terapias Alternativas. Este encuadre responde a los tres grandes principios que rigen la relación terapéutica: respeto, honestidad y confidencialidad.

Y las fases o etapas del proceso terapéutico, consolidadas con el equipo de psicólogos, son la exploración/transición, trabajo/ consolidación y terminación del proceso. Este proceso tiene una duración de entre 12 a 18 sesiones o su equivalente a tres o cuatro meses y medio.

La escala de violencia en las relaciones interpersonales y familiares ha ido creciendo con el tiempo, o tal vez , simplemente se ha visibilizado con el cumplimiento de la Ley 348 que apunta a la protección de las mujeres desde su promulgación en 2013.

Siguiendo datos registrados por el Observatorio de la Mujer, Coordinadora de la Mujer, a nivel nacional, los delitos de orden sexual suman la mayor cantidad de denuncias. Según un reporte del Ministerio Público, sólo en 2017 se registraron 4.708 denuncias de ese tipo, las que representan el 15% del total de causas (30.351) presentadas ese año en el marco de dicha norma. En este sentido, Cochabamba registró 797 casos.

Así, existe un grupo poblacional que se encuentra en las cárceles de Cochabamba por motivo de haber ejercido violencia , en cualquiera de sus manifestaciones y siguiendo la tipología que la Ley registra, siendo 17 tipos de violencia contemplada, hacia algún miembro de la familia.

El programa “Hombres de Paz” viene a acompañar estos procesos y a ofrecer apoyo a estos hombres en cuatro cárceles de la ciudad de Cochabamba, a seguir, Quillacollo, Sacaba, San Sebastián y San Antonio.

Es, sin lugar a duda, un proyecto novedoso que pone atención a un grupo marginal en lo social así como en el ámbito familiar. Desde la Fundación se les quiere poder dar herramientas para su crecimiento personal, que apoyen en lo psicológico y transpersonal. El proyecto se constituye como impulsor de procesos de rehabilitación de estos hombres que , de algún modo, les permita encarar la vida sin tener que recurrir a la violencia para ejercer poder.

La cárcel no es un medio fácil de trabajo, tampoco sostener los grupos. Es un lugar con leyes propias y los hombres llegan con la motivación de aligerar su pena y , muchas veces, abandonan si no se da ese requisito. En estos grupos, se cuenta con el apoyo de los delegados quienes son los encargados de aglutinar a las personas que por este motivo se encuentran en la cárcel y quienes, normalmente, también participan del grupo.

El estado en el que llegan a la cárcel es de indefensión y vergüenza, también ira. Hay que tener en cuenta que las cárceles bolivianas no discriminan por delito o infracción , por lo que en cuestión de horas, la vida de estos hombres cambia radicalmente. Han pasado de estar en un cotidiano familiar a un recinto sobre poblado en el que han de intentar trabajar para poder cubrir sus necesidades así como también seguir respondiendo a las responsabilidades familiares del exterior. El nivel de estrés de estos hombres aumenta considerablemente y el grupo terapéutico les facilita un espacio de contención, reflexión y apoyo grupal. Finalmente, todos son espejos y pueden encontrar enseñanzas en las experiencias y vivencias de los demás desde un enfoque más humano. Es habitual encontrarles callados, asustados, y en estado de recapitulación de las circunstancias, conductas y pensamientos que han generado que hayan llegado a ese extremo en sus relaciones. Pasadas 3 o 4 sesiones ya comienzan a abrirse un poco más y reconocen la importancia de la creación de estos grupos de contención donde se facilita reflexionar sobre temas como la inteligencia emocional o las prácticas de respiración y meditación. La cárcel es un medio subversivo en el que se ha de sobrevivir y donde realmente comienzan a valorar y repensar su vida desde un punto de vista claro, con distancia y frialdad. Las emociones que vienen a flote en su mayoría son de arrepentimiento, culpa, pesar y mucha tristeza por estar lejos de sus hijos e hijas así como de otros familiares. La mayoría también siente impotencia y tratan de imaginar como mejorar su vida, como hacerla frente del mejor modo cuando salgan de la cárcel.

La existencia del programa genera, primeramente, la necesidad de que asuman las consecuencias de sus actos, de que más allá de lo justo o injusto de una situación, se requiere mirar hacia adentro y dejar de retroalimentar situaciones y relaciones destructivas, cambiando esto por patrones de honestidad y crecimiento. Es el tiempo de dejar de poner al otro como culpable o responsable de la vida propia con sus dichas y desgracias, y empezar a ver al otro como el maestro que enseña aquellos aspectos de la personalidad que se han de trabajar, donde la violencia y el miedo no pueden construir familias ni relaciones sanas y equilibradas.

En lo personal, mi trabajo como terapeuta responde al intento de expandir técnicas milenarias y ancestrales que la sociedad actual engloba dentro de “Terapias Alternativas” y cuyo aporte al bienestar y evolución humana es clara. Disciplinas como el Yoga o la técnica de meditación han de estar al servicio y práctica de las sociedad. Y no es un ideal, es un hecho.

Mitakuye Oyasın , Por todas mis relaciones!

 


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